sábado, 27 de febrero de 2010

Y.....Paff......Silencio.



Escudos de confusión blindando lóbregos anhelos. El arrepentimiento podría volverlo demente, y trastornarlo de modo que su vida se volviera un calvario. Pero no se sentía capaz. El llanto de aquel pequeño niño le revolvía el cerebro, y no podía dormir entre tanto bullicio. Nunca tuvo paciencia y por mala gana, no se levantó a ver lo que le ocurría al engendrito, que jadeaba del constante y profuso lagrimeo. Intentaba ignorar todo, mas los gemidos lo hacían imposible.

Pensaba en ponerle un tapón en la boca para que se callara de una vez por todas o lo que fuera para deshacerse del perturbante chiquillo, y su conciencia se lo impedía, sólo por tratarse de un bebé. Cada vez se estresaba más y ansiaba silencio y tranquilidad. De pronto, sus oídos alcanzaron a percibir sólo un sonido seco, lo que le motivó a levantarse e ir a ver qué había sucedido.

Abajo junto al pasamanos, yacía el niño boca arriba, muerto por el tremendo golpe sufrido en el cráneo al rodar las escaleras. No se inmutó ante tal acontecimiento y volvió a su cuarto; vaya poder de la mente, pensó, mientras se disponía a dormir un rato, al fin en total serenidad.

3 comentarios:

Michu dijo...

q tetrico....... charlie jamas habias escrito algo asi.... mmm... me estremece el solo leerlo... yo mas q nadie sé q lo cuesta tener paciencia con un bebé.... pero un final tan abrupto??... no entiendo debes explicarme porq ese relato???

Caro.... dijo...

. este es el q t dije q t deja con una sensacion rara.. !!!es muy denso.. mas aun imaginandose..

solosalo13 dijo...

q crueeeeeell, pero fue un kgue